Por Marco Rios.
Érase una vez, en un lugar mágicamente enfermizo, un alebrije llamado José Cojo, que a pesar de que en una pelea callejera, le arrancaron un pedazo de su pata a mordiscos y le cortaron sus alas a hachazos, era extremadamente feliz y, por supuesto, sexy.
Siempre iba saltando por los campos de girasoles, mientras se reía del sol y de los demás alebrijes.
Además su poca sana obsesión por aspirar jugo en polvo, lo hacía alguien realmente peligroso, así que nadie le dirigía ni una sola mísera puta palabra.
No hay comentarios:
Publicar un comentario